Criar en brazos no es malcriar

En el mes de octubre celebramos la Semana Internacional de la Crianza en Brazos y no es para menos: la manera en cómo criamos a nuestros hijos define los valores de nuestra sociedad.

Sin duda la Crianza en Brazos se merece como mínimo una semana al año para hablar de ella, se debería hablar bastante más, pero mejor eso que nada para visibilizar una de las prácticas más básicas, fisiológicas, biológicas, instintivas e importantes en la vida del ser humano: el contacto.

Y no es una nueva moda, como muchos apuntan (“es que ahora se lleva mucho esto de tener al bebé en brazos todo el día, ¡incluso cogerlo cada vez que llora!” dicen algunos escandalizados): es la manera más antigua de criar, es el modo de maternar por definición. Es la forma de crear lazos afectivos profundos que crean las bases de la seguridad, la confianza y la autoestima del bebé a corto, medio y largo plazo. Es más, también muy a largo plazo.

Parece mentira pensar que lo que vivimos siendo tan pequeños, donde la memoria ni siquiera llega a alcanzar, crea una impronta tan marcada en nuestra vida, incluso siendo ya adultos. Muchos de los bloqueos, inseguridades y miedos que sentimos tienen su origen en la primera infancia y un papel fundamental en esto lo tiene la presencia, o por contra la carencia, de bienestar y confort emocional.

El bebé en brazos del adulto siente que su supervivencia está asegurada

Es puro instinto de supervivencia. El bebé no sabe que el mundo en el que vive es bastante seguro y que no va a venir un león a comérselo, porque nuestros bebés tienen la misma genética que los bebés de hace 10000 años, cuando esto sí podía suceder. Lo único que el bebé sabe es que su pequeño e indefenso cuerpo no es capaz de salir corriendo, ni de pelearse, si aparece una amenaza. El bebé siente que la única manera válida que le asegura la supervivencia es estar cerca, muy cerca, en contacto, de su/s adulto/s de referencia y que estando lejos de ellos no tiene garantías de sobrevivir. Por eso el bebé es capaz de llorar totalmente desconsolado cuando está separado del adulto; y es por esta razón que las cunas, los cochecitos o las hamacas muchas veces “tienen pinchos” y aunque le pongas ahí dormido se despierta a los cinco minutos.

Cuando dejar llorar a un bebé sin atender sus necesidades emocionales se convierte en lo habitual (aunque sus necesidades físicas estén totalmente cubiertas) porque quizá creemos que nos está tomando el pelo o simplemente por el miedo a malcriarlo si le cogemos en brazos, el bebé entiende que sus necesidades emocionales instintivas no son importantes y se desconecta de sus emociones para no sufrir, quedando su autoestima mellada con la sensación de estar viviendo en un mundo hostil. Y este subidón de adrenalina y cortisol, si ocurre de manera frecuente y prolongada en el tiempo, crea estrés tóxico, que afecta al desarrollo cerebral del pequeño y a su salud general debido a las alteraciones que se producen en su sistema inmunológico debido al estrés, y además se generan inseguridades, miedos, desconfianza, sensación de abandono y desconexión con lo que me pasa o con lo que siento.


Menos mal que existen las terapias para todos aquellos adultos de hoy en día que de pequeños vivimos una etapa históricamente dura para los bebés, con un desconocimiento absoluto de su mundo emocional, con una falta de empatía brutal ante su sufrimiento. ¿Sabes que hasta los años 80 muchos profesionales de la salud infantil creían que los bebés no tenían la capacidad de sentir dolor? Lo que conllevó a prácticas inhumanas hacia las pobres criaturas…pero bueno, ese ya es otro tema largo y triste que da para otro post.


Y decía lo de las terapias porque nos hacen mucha falta para volver a conectarnos con nuestras emociones, esas que dejamos de escuchar cuando, siendo muy pequeños y vulnerables, nos dejaron sin los brazos que necesitábamos, que eran muchos más de los que recibimos.

“Una de las mejores maneras de criar en brazos que he encontrado, en consonancia con lo que el bebé necesita, es utilizar un portabebés ergonómico adecuado a su edad, para mí ha sido un antes y un después en cuanto al manejo de la crianza”

Y es que un bebé no necesita un ratito de brazos al día, necesita prácticamente todo el día de brazos, sobre todo durante los primeros meses. Después, desde esa seguridad que ha ido adquiriendo, poco a poco, va buscando su autonomía, a su ritmo, que no tiene porqué coincidir con el ritmo que al adulto le gustaría. Cada vez ese niño/a se siente más capaz, más valiente para conquistar sus propios espacios, con el vaivén de una “independencia” que no es lineal: a ratos se siente seguro para alejarse un poco y a ratos vuelve a necesitar el refugio materno que le aporta calma, amor y mucha seguridad. ¡Porque hay tanto por descubrir! Y qué mejor que hacerlo cerca de quién más quieres: mamá y/o papá.


Y aprovechando el tema te comento que una de las mejores maneras de criar en brazos que he encontrado, en consonancia con lo que el bebé necesita, es utilizar un portabebés ergonómico adecuado a su edad, para mí ha sido un antes y un después en cuanto al manejo de la crianza, una forma de sentir que lo estaba haciendo como yo quería y que mi hija estaba dónde y cómo quería estar, y además con manos libres para hacer, deshacer y moverme a mi antojo, ¡qué sensación de libertad!


Se dice que durante la crianza los días son muy largos (24 horas non stop dan para mucho) y los años muy cortos, y sí, esa es la sensación. Por eso, cuando nos permitimos criar desde el amor escuchando nuestra intuición, a nuestra manera, al echar la vista atrás esos años que pasan tan rápido, se han convertido en una experiencia intensa y maravillosa que ha valido realmente la pena vivir. Todas esas noches sin pegar ojo tienen por fin su sentido y la sensación que te queda es de satisfacción, de haber disfrutado y aprovechado cada momento, incluso los más difíciles.

Y es que no hay nada más importante que el tiempo que dedicamos a estar con nuestros hijos, no hay trabajo más importante en el mundo que criar a los seres humanos que van a heredar nuestro mundo, las generaciones venideras que intuyo que no lo van a tener fácil por las condiciones en las que les dejamos el planeta. Al menos que no les falte el amor y las muestras de cariño. Ojalá que las nuevas generaciones, conectadas y sostenidas emocionalmente gracias a la “moda” de criar en brazos, sean los que traigan a este mundo la cordura, la empatía y el amor que necesita.

3 comentarios sobre “Criar en brazos no es malcriar

  1. Gràcies Ruth per contribuir, una vegada més, a l’empoderament de les mares i famílies per viure connectades amb la seva pròpia intuïció, i per compartir informació tan valuosa sobre les emocions, la criança amb contacte….
    Un plaer llegir-te.

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